lunes, 1 de abril de 2013

Para aprender

Hoy en día son muchas las personas que se encuentran ubicadas laboralmente en trabajos que no son del todo lo que siempre soñaron o anhelaron llegar a tener. Para algunos su trabajo se convierte en aquello que se hace por una necesidad, pero no por amor y pasión. 

Alguna vez esto me sucedió, pues cuando uno hace una carrera universitaria sueña en desempeñarse en ésta, entonces comienza la batalla por buscar el trabajo anhelado donde no sólo se haga lo que le gusta sino que también tenga una buena remuneración por hacer esto - aunque si uno hace lo que le gusta la remuneración suele ser algo secundario-.

Cuando se está en la etapa universitaria se acepta cualquier trabajo que ayude a cubrir los gastos de fotocopias, transporte, comida y eventuales salidas de ocio, pero no se piensa anticipadamente en la opción de empezar a construir una hoja de vida con experiencia en el campo que se haya estudiado. A algunos en la universidad, como en mi caso, nos pidieron prácticas como requisito de grado y por el afán de recibir el cartón aceptamos una pasantía donde fuera, sin estudiar antes si existía la posibilidad de quedarse de lleno y con buenas condiciones laborales.

Por otra parte, no todo es malo, nuestra inmadurez profesional muchas veces nos arroja a trabajos que creímos que no nos enseñarían nada o que lo aprendido allí no serviría en ningún momento, pero solemos equivocarnos y lo que parece poco útil nos logra confirmar (aún sin tener nada que ver con la carrera) que aquello que elegimos estudiar si es realmente lo que nos gusta y nos apasiona, o termina por crearnos responsabilidades que jamás habríamos adquirido recostados cómodamente en la cama. 

Existen trabajos que simplemente para poderlos conseguir hay que competir y no sólo con una o dos personas, en mi caso fueron casi dos mil las que se inscribieron a un largo proceso de selección y posterior contratación. Trasnoché, madrugué, estudié y hasta me creé el hábito de salir a trotar en las mañanas para pasar pruebas que jamás pensé pasar. Fue entonces cuando entendí que eso de pedalear una bicicleta domingos y festivos me crearía la conciencia de que en ocasiones es mejor recibir las gracias o una sonrisa sincera por el trabajo bien realizado, que llenarse los bolsillos de dinero sin siquiera estar satisfecho por lo hecho.

De ahí en adelante llegaron más empleos que implicaron seguir compitiendo y someterse a un largo proceso de pruebas, muchos no tan buenos, no por lo que implicara hacer sino por compañeros que sin pedírselo se encargan de ver la paja en el ojo ajeno, sí, en todo lado existe el raye en el ambiente laboral y es normal, así que sin pedirlo Dios me permitió hacer trabajo de campo para que la pesadez oficinista no me perturbara.

He conocido gente y me han dejado conocer sus historias, muchas me han sonreído, otras simplemente se han marchado sin decir gracias, he estado en  todos los estratos y en sus diferentes formas de vida, recibí regaños y no siempre conté con el compañero gentil, pero de eso se trata, de verle el lado bueno a lo que muchas veces hacemos porque nos toca, tal vez si le ponemos un poquito de corazón esto resultaría por gustarnos más de lo que parece. 

jueves, 28 de febrero de 2013

¿Pasajeros o para siempre?

El ser humano desde su infancia busca el amor y respeto de otras personas más allá de la familia, tiene la necesidad de ser reconocido, exaltado y por qué no, abrazado; estas condiciones inherentes a todos se vuelven más evidentes con el pasar del tiempo y en épocas de interacción con personas completamente desconocidas que terminan por consolidarlos en sus grupos, pandillas, parches o roscas. 

De esta manera, hombres y mujeres, o como lo hubiese dicho la señorita Antioquia "hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo, en sentido contrario" - porque en este caso aplica - se convierten en amigos, de esos que dicen ser para las que sea y como sea, que se inventan saludos exclusivos para reconocer su manada o simplemente comienzan a demandar tiempo cual pareja de novios.

Probablemente no se entienda en cierta forma de qué se trata la amistad y cómo es posible que en ocasiones personas completamente distintas terminen por compartir más que un salón de clases, la iglesia o el trabajo, un lugar en la casa de uno y que hasta los papás de uno lo quieran tanto como a sus propios hijos; se convierte en un préstamo momentáneo mientras las etapas se acaban y por cosas de la vida llegan nuevas ocupaciones que nos apartan físicamente o en ocasiones rompen para siempre el vínculo sentimental.  

Podría decirse que la amistad es un amor que se sustenta en la lealtad, la pelea, la broma, el abrazo, la lágrima, el regaño y la alcahuetiadera, pero debe aclararse que no siempre el buen amigo es el que secunda cuanta cosa deschavetada se cruza por la cabeza de sus secuaces, si algo es cierto, es que el buen amigo  confronta y reconforta, así que, si algún día usted creyó que su parcero del alma lo dejó botado cual chancleta vieja porque no lo apoyó en una decisión absurda, usted acaba de perder el sentido de la verdadera amistad. 

Hay amigos que se van lejos, otros no tanto, aunque parecen haberse trasladado a los confines de la tierra; todo hace parte de cambios y es cuestión de entendimiento, sus amigos son como dicen por ahí "la familia que se escoge" con la posibilidad que esa familia sea reemplazada en su totalidad o que queden los que fueron como uña y mugre. Contar con amigos de diversos pensamientos, ocupaciones, religiones, entre otros, nos hace crecer como personas y nos permite entender que el ser tolerante es una acto de amor y misericordia con quienes en ocasiones amamos a viva voz pero queremos matar cuando la embarran.

Amigos sabios, regañones, recocheros, burlones, consentidores, locos, abrazadores, serios, ñoños, inteligentes, exagerados, llorones, desubicados, serenos y de todas las clases habidas y por haber, no se olviden que la amistad es una compleja mezcla de risas, lágrimas, cafés, salidas inesperadas, abrazos que sanan y alegran, te quiero sinceros y un sin fin de sueños locos que se comparten con el transcurrir de los días. 

jueves, 21 de febrero de 2013

El don perdido

Seguramente por temor o desconfianza uno olvida que existen cosas que pueden llegar a apasionarle tanto que se convierten en parte de su sangre, su vida, de lo que es o desea ser. Yo dejé de lado una idea que había prometido me acompañaría por el tiempo que estuviera en la tierra, escribir por gusto más que por obligación, así que decidí desempolvar La idea olvidada y plasmar más que artículos sofisticados y llenos de tecnicismos, razones por las cuales la vida se convierte en un libro inmenso de hojas blancas esperando a ser rayadas con locos sueños de aquellos que se sumergen en la inmensidad de las palabras. 

Sé que el principio suena algo poético, pero era necesario empezar con esta razón para entender lo que más adelante traerá el tiempo. Pues bien, uno de los porqué para decidirme a escribir de nuevo se lo debo a mi desempleo latente que se niega a apartarse de mi camino por más que quiera atropellarle con un camión de diez mil toneladas. Pensé que en vez de seguir aturdiendo mi cabeza con una televisión poco llamativa y comunicativa debía hacer uso de herramientas como estas, arriesgarme a que exista alguien que decida leer o pasar de largo.

No sé en qué momento dejé que la diversión se acabara mientras le daba vueltas a una idea para plasmarla en algún lugar, me empeñaba en hacerlo pero el impulso terminaba en la mitad del camino, hasta que un día, como una sorpresa loca, de esas que sólo sabe dar Dios, un sujeto al que sigo en Twitter promocionaba una nueva entrada en su blog, entrada que se convirtió en un elemento inspirador.

Uno no se explica como un completo extraño puede llevarlo a uno a volver a creer en lo que algún día pensó que era probablemente uno de sus dones más preciados. Yo leí esa entrada con tanto agrado que comprendí que para escribir se necesita un poco de cerebro pero también un toque de imaginación y crítica (no criticadera)  hacia la vida. 

Tengo que admitir que su inspiradora y caricaturesca manera de escribir me llevó a parir este pequeño pero tranquilizador espacio que hoy le dice adiós a la necesidad de aceptación y a la pereza intelectual. Aunque costó escribir esta primera entrada no permitiré que de nuevo la idea quede en el rincón de los cachivaches, ni que se acabe si por fortuna consigo un empleo. 

Todos nacemos con dones increíbles, algunos decidimos guardarlos para que no se gasten y al abrir el baúl donde los tenemos ya huelen mal, se oxidan y se pudren, por eso la opción no es dejarlos en el olvido sino trabajar en ellos hasta perfeccionarlos.