jueves, 12 de junio de 2014
Amor a la vista
Hoy resulta ser uno de esos días en los que se vienen demasiados pensamientos a mi cabeza, pero uno de ellos en especial comenzó a inquietarme y me llevó a hablar de él, el amor.
Podría decirse que hablaré de amor porque estoy enamorada, pero no, me remito a tratar de él con la única intensión de plasmar en estos renglones algo que he entendido por las experiencias de otros o por los vídeos cuasi cinematográficos que nos montamos cuando alguien nos gusta.
En esta época pensamos que el amor es como el vestido nuevo que siempre desee pero que al medirmelo lo deseché porque no me encajó; pues el amor es más que un cúmulo de emociones y sueños fantásticos, es una decisión que gustenos o no, nos lleva a morir a un sueño individual para vivir en uno colectivo.
Al escribir esto no intento desilusionar a nadie acerca del amor sino de aterrizar un poco esa idea que a todos nos llega en algún momento. Amar es una decisión que viene con sus riesgos, sus maravillas y sus contradicciones, por esta razón no pretendamos que sólo uno debe ceder y que el otro se puede quedar dependiendo únicamente de recibir, ¿por qué digo esto? Porque al hablar con personas que ya dieron un paso más allá del noviazgo uno entiende que el amor es una cuestión que no obliga a nadie y mucho menos compra éste como si estuviéramos adquiriendo un nuevo celular, dar ese paso implica entender que así como Dios nos ama con nuestros defectos y virtudes, nunca va a obligarnos a que lo amemos, no en vano no nos programó como máquinas para eso.
No sigamos creyendo que el amor es ciego e irracional, éste cuando es verdadero tiene vista de águila y propósito, y aunque cueste aceptarlo, es para los valientes y arriesgados que sueñan con los pies en la tierra.
Por el momento y trayendo a mi mente un fragmento de esa canción romántica que algún día interpretó Luis Miguel, "en la vida hay amores que nunca pueden olvidarse" yo quiero que el amor que nunca se me olvide sea ese que un día sin pedirlo me amó tal cual soy y me hizo entender que el corazón debe ser protegido sin irse al extremo de cerrarse como caja hermética, ese amor que con dulzura habla y con valentía guarda.
Solo resta saber esperar para que cuando el amor golpee le abramos sin miedo y seguros de la decisión tomada.
viernes, 21 de marzo de 2014
Decídetete
Aquí estoy de nuevo frente al teclado que se había apartado por un tiempo para decirles que he vuelto, porque hay algo que me inquieta y que la verdad me ha hecho reaccionar para tomar decisiones que sirvan para algo bueno o que por lo menos me ayuden a reaccionar bajo diferentes situaciones con madurez.
En este tiempo de fuga apartada de las letras me di cuenta que mi orgullo absurdo no me había llevado a alcanzar nada, que lloraba y hacía pataleta porque Dios no me consedía de ya para ya lo que yo quería, hasta pelé el cobre sacando mi diploma de profesional y diciéndole a Dios que si acaso no se había dado cuenta que yo ya era toda una comunicadora y que como tal me merecía un trabajo digno de este título, pero Él con la diplomacia que lo caracteriza me puso a prueba y me hizo enfrentarme a mi gigante, porque lo que Él necesitaba no era el cartón sino que la comunicadora asumiera su rol en el lugar que fuera.
Mi gigante era un temor del tamaño del planeta tierra que quería aplastarme diciéndome que no era capaz de pararme frente a un público y comunicar, o que el entablar relaciones o conversaciones podría ser casi que imposible porque qué cosa inteligente podría salir de una mente tan pequeña. A ese extremo llegué creyendo que la timidez era lo mío y que difícilmente se podría abolir.
Así que recibí un empujón que me llevó a tomar el toro por lo cuernos, como dicen por ahí, y me concentré en salir de la esquina apartada en donde me había acostumbrado a vivir. Si el reto era pararse y hablar lo iba a hacer, porque si hacía el ridículo no tendría de qué avergonzame pues dentro del combo venía el respaldo y la pomada para las heridas.
No sé usted, pero pienso que llega el tiempo en el que hay que arriesgarse y dejar el complejo, el dolor de que nos hicieron o no nos hicieron, el temor a que nos rechacen y vean feo, esas cosas no son más que tonterias que nos detienen para actuar y conseguir el sueño, y si seguimos en las mismas con los mismos pues perdemos tiempo, oportunidades y hasta la dicha de conocer gente nueva.
Este fue el sacudón que me enseñó que crecer va más allá de tener dinero, título, pareja, entre otras cosas, es darse cuenta que cuando tomas decisiones guiado por la razón y no por la emoción las cosas marchan mejor y actuas con inteligencia y no con insensatez huyendo de lo que un día Dios planeó para ti.
En este tiempo de fuga apartada de las letras me di cuenta que mi orgullo absurdo no me había llevado a alcanzar nada, que lloraba y hacía pataleta porque Dios no me consedía de ya para ya lo que yo quería, hasta pelé el cobre sacando mi diploma de profesional y diciéndole a Dios que si acaso no se había dado cuenta que yo ya era toda una comunicadora y que como tal me merecía un trabajo digno de este título, pero Él con la diplomacia que lo caracteriza me puso a prueba y me hizo enfrentarme a mi gigante, porque lo que Él necesitaba no era el cartón sino que la comunicadora asumiera su rol en el lugar que fuera.
Mi gigante era un temor del tamaño del planeta tierra que quería aplastarme diciéndome que no era capaz de pararme frente a un público y comunicar, o que el entablar relaciones o conversaciones podría ser casi que imposible porque qué cosa inteligente podría salir de una mente tan pequeña. A ese extremo llegué creyendo que la timidez era lo mío y que difícilmente se podría abolir.
Así que recibí un empujón que me llevó a tomar el toro por lo cuernos, como dicen por ahí, y me concentré en salir de la esquina apartada en donde me había acostumbrado a vivir. Si el reto era pararse y hablar lo iba a hacer, porque si hacía el ridículo no tendría de qué avergonzame pues dentro del combo venía el respaldo y la pomada para las heridas.
No sé usted, pero pienso que llega el tiempo en el que hay que arriesgarse y dejar el complejo, el dolor de que nos hicieron o no nos hicieron, el temor a que nos rechacen y vean feo, esas cosas no son más que tonterias que nos detienen para actuar y conseguir el sueño, y si seguimos en las mismas con los mismos pues perdemos tiempo, oportunidades y hasta la dicha de conocer gente nueva.
Este fue el sacudón que me enseñó que crecer va más allá de tener dinero, título, pareja, entre otras cosas, es darse cuenta que cuando tomas decisiones guiado por la razón y no por la emoción las cosas marchan mejor y actuas con inteligencia y no con insensatez huyendo de lo que un día Dios planeó para ti.
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